Viernes, 9 de Diciembre de 2016
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Considerado una forma de autismo

Sindrome de Asperger, el trastorno de Susan Boyle y la joven confundida con Maddie


El síndrome de Asperger a menudo se considera una forma de autismo de alto funcionamiento y puede llevar a dificultad para la interacción social, la repetición de conductas, la torpeza y los intereses inusuales.

Hoy fue noticia luego de que la cantante Susan Boyle anunciara que iba a abandonar los escenarios debido al reciente diagnóstico del trastorno y a otros problemas de salud como la diabetes tipo 2. También porque lo sufría la adolescente sueca Embla Jauhojärvi, quien deambulaba sin documentos en Roma y se especulaba que fuera Madeleine McCann, la niña que desapareció de manera misteriosa en Portugal en 2007.

Aunque los síntomas del síndrome de Asperger se presentan a una edad temprana, se suele diagnosticar durante la etapa escolar.  Si bien no se sabe cuál es su causa, se conoce que el cerebro de una persona con Asperger funciona de una manera diferente.  

Según explican los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), a diferencia de otros trastornos del espectro autista, los niños con síndrome de Asperger no tienen retrasos del lenguaje, y por definición, tienen un coeficiente intelectual al mismo nivel o superior al de la mayoría de los chicos.

Las personas con el trastorno podrían beneficiarse de una capacitación intensiva de destrezas sociales en la escuela o la comunidad, así como de las terapias terapia del habla para aprender cómo comunicarse con otras personas. También pueden ayudar la terapia física ocupacional y los medicamentos para controlar la ansiedad y los problemas de atención.

Los niños y adultos con el síndrome de Asperger podrían:

• Tener problemas para comprender los sentimientos de otras personas o para expresar sus propias emociones, así como dificultades para entender el lenguaje corporal

• Evitar el contacto visual.

• Desear estar solos, o querer interactuar pero no saber cómo hacerlo.

• Tener intereses muy específicos, a veces obsesivos y hablar sólo de estas inquietudes.

• Hablar de forma poco usual o con un tono de voz extraño.

• Tener dificultad para hacer amigos y  verse nerviosos en grupos sociales grandes.

• Ser torpes o descuidados, o bien realizar movimientos repetitivos o extraños.

• Tener rituales que se niegan a cambiar, como por ejemplo, una rutina muy rígida para irse a dormir.








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