Sábado, 10 de Diciembre de 2016
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Así como las situaciones traumáticas

Problemas económicos en la infancia acortan la esperanza de vida


Los problemas de la vida pueden afectar el estado de salud general, tanto a corto como a largo plazo.  Por ejemplo, las dificultades económicas en los primeros años de la juventud, pueden causar déficits cognitivos en la mediana edad. O bien, situaciones negativas pueden provocar que se desarrollen trastornos de ansiedad o depresión.

Así lo indica un estudio de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver, Canada, que muestra que la acumulación de estrés en la infancia, ya sea por causas económicas, sociales o traumáticas, provoca que nuestra esperanza de vida sea menor. Estos datos cobran relevancia en nuestro país tras las últimas mediciones del INDEC, que indica que indican que el 32% de los argentinos son pobres, y el 6,3,3 son indigentes. A su vez, el organismo indicó que la pobreza alcanza al 47,4% de los menores de 14 años.

El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, muestra que la longitud de nuestros telómeros es menor cuanto mayor es la cantidad de estresores que afrontamos durante nuestra existencia, en especial aquellos sucedidos durante la etapa infantil. Un aspecto para no minimizar dado que nuestra esperanza de vida se asocia a la longitud de los telómeros.

Según declaraciones del director del estudio,  Eli Puterman, que reproduce el sitio ABC.es, “la acumulación de adversidades a lo largo de la vida se asocia a una probabilidad un 6% mayor de tener telómeros de menor longitud, una situación que se presenta sobre todo como consecuencia de las dificultades durante la infancia”.

“Así, nuestros resultados sugieren que la sombra de las adversidades en la etapa infantil puede presentarse una vez alcanzada la edad adulta en forma de envejecimiento celular”, agregó.

Los telómeros son las regiones de ADN situadas en los extremos de los cromosomas que evitan que estos cromosomas sufran un deterioro cada vez que se dividen. El problema es que con cada división celular cuando envejecemos, los telómeros se acortan. Y una vez alcanzan una longitud mínima crítica, las células entran en un estado de senescencia –es decir, envejecen hasta el punto de perder la capacidad de dividirse– o, simplemente, mueren.

Para llevar a cabo la nueva investigación, los autores midieron la longitud de los telómeros de las células de las glándulas salivales de 4.598 adultos que, con una edad igual o superior a los 50 años, participaban en el Estudio sobre Salud y Jubilación de Estados Unidos. Para aquel trabajo, los voluntarios ya habían informado sobre su situación financiera y su estrés tanto social como traumático a lo largo de su vida.

Los resultados mostraron que la longitud de los telómeros se asoció directamente a la cantidad de situaciones estresantes vividas por los participantes, muy especialmente durante su infancia. De hecho, la probabilidad de que un voluntario tuviera telómeros cortos se incrementó hasta un 11% por cada situación estresante adicional sufrida en su niñez.

¿Pero el hecho de experimentar una situación traumática o una dificultad económica puntual en la infancia es suficiente para acortar la esperanza de vida? La respuesta de los investigadores es no, y de hecho falta un cúmulo de situaciones.

Los resultados también sugieren que el estrés social o traumático tiene una mayor influencia negativa sobre la longitud de los telómeros que las dificultades económicas.








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