Martes, 27 de Septiembre de 2016
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Por Juan Manuel Brindisi. -

Temor ancestral: miedo a lo femenino

Por:  Juan Manuel Brindisi

"Hay mujeres histéricas que necesitan psicológicamente ser violadas porque no se atreven a tener sexo libremente por culpa". Estas declaraciones del cantante Gustavo Cordera se conocieron ayer y generaron, con razón, un gran malestar a nivel social. Lo primero que se debe señalar es que detrás de ciertas premisas machistas, se esconde un miedo ancestral y atávico.

Un temor que devuelve al hombre a la época de las cavernas: el miedo a lo femenino. El hombre inseguro, mal parado en su postura de macho le teme a lo femenino porque es diferente a él, no lo entiende ni tampoco lo puede controlar. Esto los vuelve temerosos y agresivos. Por eso necesitan imponer, erróneamente, su respuesta fálica: cuando una mujer es muy histérica necesita ser violada. Un disparate. Esta respuesta va en la misma línea de: "Ella me provocó, "Mirá como se viste", "En el fondo ella quería". Algo de esto también se ve en los ataques sexuales a mujeres por parte de hordas de hombres, aquí también queda patente el miedo a lo femenino.

También es un intento de correrla a la mujer de lugar. Pasarla de ser víctima a victimario.

Las mujeres que padecen una violación sufren un trauma profundo que persiste, ya que una de las características del trauma es que no se puede asimilar simbólicamente y que el tiempo queda petrificado. Le quedan marcas y secuelas para toda la vida. Si bien cada caso es singular, las áreas más afectadas son la sexualidad, la crianza de los hijos, el miedo a lo masculino y en varios casos una gran vergüenza que puede llevar a que ciertas mujeres callen el hecho sufrido.

En la familia

Muchos de los casos de violaciones que sufren las mujeres son intrafamiliares, donde están involucrados sus padres, padrastros, abuelos, tíos o hasta sus propios hermanos. También se le suma gente del círculo de confianza como maestros o profesores. Esto provoca lo que se conoce como efecto Siniestro, que consiste en que una persona familiar, querida y cercana se vuelve extraño y se convierte en violador y atacante.

Para seguir dimensionando el hecho veamos qué pasa del lado del violador. Su goce está en someter y angustiar a la víctima. Existe, en la mayoría de los casos, ausencia de culpa y de angustia por lo cual se desdibuja los límites entre lo permitido y lo prohibido.

Estos casos requieren que sigamos educando y trabajando para hacer un cambio cultural que empieza en cada casa de cada familia: cuando una mujer se defiende y dice que no, es NO.

*Juan Manuel Brindisi es periodista y politólogo.








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