«En ciertos campos, la ciencia aplicada sola no tiene sentido»

Entrevista de Soledad Llarrull.- Lo dijo el Profesor Erwin Neher, Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1991. Durante su paso por el país, conversó con DocSalud.com sobre el presente de las neurociencias.

El profesor Erwin Neher ganó en 1991 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus aportes a la Neuroquímica.

En el lenguaje que usan las neuronas para comunicarse, las palabras son moléculas que la célula “emisora” libera al espacio exterior, desde donde son captadas por la “receptora”. La transmisión del mensaje ocurre en puntos de contacto entre estas células, que se conocen como sinapsis y son objeto de intensa investigación.

Este y otros procesos biológicos clave para la vida están controlados por pequeñas corrientes eléctricas. A su estudio se dedicó el Profesor Erwin Neher, quien en 1991 recibió junto con Bert Sakmann el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el diseño de una revolucionaria técnica –el patch clamp, que les permitió estudiar estos flujos de electricidad y las proteínas que en ellos participan. Durante la 5° Conferencia Especial de la Sociedad Internacional de Neuroquímica, que fue organizada por el Dr. Francisco Barrantes y la Universidad Católica Argentina, y tuvo lugar del 12 al 15 de septiembre en el campus Puerto Madero de esa institución educativa, el científico conversó con DocSalud.com sobre el panorama actual de las neurociencias y el impacto que tuvo el galardón en su vida y su carrera.

Periodista: El tema de la conferencia fue “Las sinapsis en la salud y la enfermedad”, ¿cuáles son las afecciones que surgen de una inadecuada comunicación entre neuronas?

Prof. Erwin Neher: Por el momento, sabemos que es muy probable que la disfunción de las sinapsis sea una causa principal de algunas enfermedades neurológicas o psiquiátricas, como la esquizofrenia, la depresión o el autismo. Pero todavía no comprendemos estas condiciones lo suficiente y no tenemos pruebas de que la hipótesis sea cierta.

P: ¿De qué manera contribuyó el conocimiento sobre la comunicación entre neuronas a tratar estas patologías?

E.N.: Es difícil decirlo, porque tradicionalmente las terapias con medicación se basaron en la experiencia. Es decir, se encontraron compuestos que ayudan y se sabe que muchos influyen sobre la transmisión en las sinapsis. Pero no está tan clara la forma exacta en que actúan.

P: ¿Cuáles son los mecanismos celulares que la ciencia debe aún dilucidar y cómo podrían contribuir a la salud?

E.N.: Ese es un problema básico de la ciencia: ¡uno nunca sabe qué va a encontrar! Estamos en el proceso de averiguar más detalles sobre el funcionamiento de las sinapsis estudiándolas en un modelo de dos células. Una vez que comprendamos eso, podemos intentar pensar cómo muchas sinapsis funcionan juntas en un sistema neuronal.

P: ¿Hay un equilibrio entre ciencia básica y aplicada en este campo de investigación?

E.N.: Creo que el conjunto de las neurociencias constituye un campo donde se necesita mucha ciencia básica, mucha comprensión, antes de poder abordar de manera sensata las cuestiones aplicadas, como el desarrollo de fármacos. Por eso, por el momento y tal vez por un tiempo, necesitamos más ciencia básica que aplicada. Por supuesto que ambas deben ir de la mano y que existe presión política y social para que produzcamos y mostremos resultados que puedan aplicarse. Pero, como científico básico, debo remarcar que en ciertos campos, hacer solo ciencia aplicada no tiene sentido. Es poco probable que se puedan encontrar buenas herramientas o tratamientos sin comprender un determinado proceso. Es cierto que muchos fármacos actuales se encontraron por prueba y error, pero para ir más allá, sobre la base de un abordaje racional, se necesita un mejor entendimiento, y por ende, más ciencia básica.

P: ¿Cómo ve a las neurociencias en Argentina?

E.N.: El país tiene una gran tradición científica en este campo y hace muchos años que tengo contacto con investigadores argentinos. Entre ellos, está Francisco Barrantes, discípulo de Eduardo De Robertis. Este fue una figura importante de las neurociencias. Además, existe una escuela de excelentes profesionales que están parcialmente dispersos en distintos laboratorios del mundo y, en la actualidad, llevan a cabo muy buenas investigaciones.

P: Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento. Cuando piensa en el trabajo que le valió el premio Nobel, ¿usted coincide con él?

E.N.: La imaginación fue definitivamente relevante para el trabajo de Einstein. Su figura se acerca bastante al prototipo del científico que abrió puertas, que fue mucho más allá del pensamiento de una época. Nuestro logro fue diseñar un nuevo método para registrar corrientes eléctricas en las células con una sensibilidad mucho mayor a la de las técnicas disponibles hasta ese momento. Sí, necesitamos un poco de imaginación para ir más allá de lo entonces existente, pero creo que en nuestro trabajo fueron importantes las herramientas básicas del conocimiento en física, como lo fue para Einstein. Él no podría haber desarrollado sus teorías sin, por ejemplo, un buen conocimiento matemático.

P: ¿Lo sorprendió recibir el premio o ya tenía preparado el festejo?

E.N.: Fue una gran sorpresa atender el llamado. Sabía que mis colegas me habían propuesto como candidato y que había estado entre los primeros de la lista. Pero llegué a creer que había perdido la oportunidad y cuando recibí la llamada, ya había dejado de pensar en el Nobel. Por supuesto que es muy lindo recibir el premio, el reconocimiento; es una bendición. Pero también es muy estresante. Por varias semanas, uno no puede continuar dedicándose a lo que estaba en marcha, sino que tiene que pasar a armar comunicados de prensa, dar entrevistas, preparar conferencias –entre ellas, la del Nobel– y aprontarse para las celebraciones en Estocolmo. Así que no hubo un gran evento, lo festejé un tiempo después con mi familia y con mis colegas.

P: ¿Qué impacto tuvo el Nobel en su vida y en sus investigaciones?

E.N.: Mis investigaciones no cambiaron mucho. Lo que sucede es que, por supuesto, uno recibe mucha más atención del público. Aumentan mucho las presiones y las demandas para volverse activo en tareas diferentes al trabajo científico habitual y uno debe aprender a vivir con esa atención extra. Obtener un Nobel es una oportunidad para involucrarse en política científica y todo tipo de cuestiones que están en la interfase entre ciencia y sociedad. Pero esto solo es positivo para algunos galardonados. Ganar el premio no quiere decir que uno sea bueno en esa otra faceta, pero abre posibilidades de dedicarse a ella. En mi caso, tuve que pensar con mucho cuidado qué era lo que realmente quería hacer. Y decidí intentar seguir con mis investigaciones.

P: ¿Cuáles son sus objetivos científicos actuales?

E.N.: Ahora que me jubilé, quiero resumir lo que hemos aprendido sobre una sinapsis especial que estudiamos durante más de 20 años y que nos permitió investigar la liberación de neurotransmisores bajo condiciones experimentales muy controladas. Quiero llevar este trabajo a un nivel de comprensión que resulte útil para interpretar los resultados del estudio de otras sinapsis. Nuestro objetivo es llegar a entender mejor cómo se produce la transmisión sináptica.

P: ¿Usted diría que la neuroquímica está en su infancia, en su adolescencia o que ya alcanzó la madurez?

E.N.: Definitivamente, no llegó a la edad adulta. Pero está en una fase en la cual adquirimos un bagaje de conocimiento sólido. Aún tenemos que resolver los detalles.

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