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Cómo influye la amistad en la salud

Por: Ana Paula Cordero

Por: Ana Paula Cordero

En un contexto donde prima lo virtual, los seres humanos necesitamos de la conexión profunda y cercana para mantener cuerpo y cerebro saludables. Las personas que están solas, o quienes se sienten así aunque estén rodeadas de gente, tienen mayores probabilidades de sufrir depresión, adicciones, desórdenes alimentarios y deterioro cognitivo. Los especialistas explican a DocSalud.com las causas físicas y psicológicas que hacen de los amigos los mejores aliados del bienestar.

“Quien tiene la posibilidad de hablar y de compartir, se va a sentir mejor consigo mismo, con sus sensaciones, con su cuerpo y con el entorno en general. La soledad hace que la persona se sienta baja en autoestima, triste, y hay más posibilidades de depresión, así como de abuso de alcohol y de drogas por la necesidad de anestesiar esa sensación”, señala a este medio la doctora Juana Poulisis, médica psiquiatra especialista en trastornos alimentarios.

Por su parte, el doctor Blas Couto, investigador del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias de INECO, explica a DocSalud.com: “Hay estudios que demuestran que los vínculos sociales son uno de los pilares de la reserva cognitiva, en tanto forman parte y contribuyen a ella, y sabemos que la reserva cognitiva es un factor de protección contra las demencias, enfermedades degenerativas y progresivas”.

Encuentros que nutren

Las personas que están en soledad no suelen conectarse con el hábito de la comida, y es frecuente que coman con la televisión, el teléfono o la computadora, por su necesidad de conectarse con otra cosa. Eso los lleva a no estar en el aquí y ahora, generando que pierdan el control y la noción sobre lo que ingieren, tendiendo a consumir más”, observa Poulisis.

La especialista indica que otra conducta frecuente entre quienes están solos es la desorganización de los tiempos: prefieren preparar un sándwich que una cena y no suelen sentarse a comer en una mesa porque eso los hace sentir más solos. Por eso, Poulisis resalta el valor de reunirse en familia o con un amigo o amiga: “Eso hace que el centro no sea la comida ya que el motivo del encuentro es el afecto, el compartir. Y esto también es importante porque las personas en soledad tienen más predisposición al atracón, a comer desordenadamente y a consumir alimentos híper calóricos”.

Como contrapartida, hay grupos de amigos que tienen la costumbre de reunirse para comer. “En esto se tendría que hacer prevención, para que el centro no sea ni el alcohol, ni los alimentos, sino divertirse, charlar, jugar. Volver a aquello que verdaderamente nutre la relación”, sugiere Poulisis.

Red de cerebros y emociones

Está comprobado que las actividades sociales desencadenan cambios funcionales en el cerebro que son muy importantes. Además, es la interacción con otras personas lo que activa ciertas áreas cerebrales relacionadas con la cognición social, diferentes a las que se activan con otras tareas, aunque están relacionadas”, sostiene Couto. 

También, el especialista apunta que, si bien existe gran cantidad y variedad de causas por las que las personas pueden estar solas o aisladas, en general muchas de ellas tienen depresión o apatía, dos síntomas de diferentes enfermedades psiquiátricas, neurológicas y otras generales. Cualquier persona que está en ese estado tiene diferencias en la actividad cerebral y, por ende, en el funcionamiento cognitivo y en el motor: hablan poco y se mueven poco, tienen poca iniciativa. La depresión o la apatía son estados emocionales generalizados del cerebro, pero la soledad también puede generarlos y afectar al resto de las funciones cerebrales, porque la emoción está en la base de casi todos los procesamientos (la memoria, el cálculo, el lenguaje y el social). Así, la soledad puede cambiar el funcionamiento general del cerebro.

Amigos: valor agregado

La calidad y la profundidad de los vínculos son factores cruciales en el bienestar. En sus numerosas investigaciones acerca del aislamiento y su impacto en la vida de las personas, el psicólogo de la Universidad de Chicago, John Cacioppo sostiene que la soledad es dañina tanto para la salud física como para la mental, pero siempre aclara que lo importante es la experiencia interna y no la externa, es decir: una persona puede sentirse muy sola aunque tenga muchas relaciones y, en cambio, puede sentirse acompañada aunque sólo cuente con un buen confidente. De este modo, más importante que tener muchos conocidos, es cultivar relaciones en las que predominen la confianza, el entendimiento mutuo y el compromiso.

Además, como explica Couto, hay personas que pueden llevar una vida social activa pero tener rasgos autistas, justamente, por no poder conectar con la gente en forma profunda, es que, para hacerlo, se requiere algo fundamental: la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Es también el caso de quienes tienen el síndrome de Asperger, que trabajan, tienen vínculos, pero no se conectan, porque si bien infieren muchas cosas acerca de las emociones de los otros, al momento de tener empatía y ponerse en su lugar, les cuesta mucho; son déficits muy sutiles pero que hacen a la calidad del vínculo y que se deben a que su cerebro funciona de manera diferente.

Por otro lado, la superficialidad de ciertos vínculos también coincide con ciertas prácticas. “Hoy, a los adolescentes les cuesta mucho compartir y hablar, por eso buscan altos estímulos como las drogas o el alcohol, pero en las previas u otros rituales nada tiene que ver la amistad. Por su parte, los adultos suelen consumir ciertas drogas en el marco de relaciones muy superficiales. Hay que recordar que un amigo de verdad no intenta llevar al otro hacia el consumo, al contrario, lo cuida”, sostiene Poulisis.

En la amistad, el cariño fluye sin buscar recompensa y, en esa falta de utilitarismo, reside su mayor valor agregado. Es que, como lo demuestran los especialistas y la experiencia diaria, necesitamos de los afectos profundos para vivir mejor